
La noticia ha corrido como reguero de pólvora, la UNAM, nuestra máxima casa de estudios ha sido distinguida con el Premio Príncipe de Asturias en el área de Comunicación y Humanidades. Y bueno… como siempre pasa todo el mundo se quiere colgar la medalla empezando precisamente por los medios de comunicación masivos -Televisa, TV Azteca- empresas que se han dedicado desde hace mucho tiempo a atacar a la Universidad y decir que está llena de grillos y huevones. Y es atacada también por la oligarquía empresarial que siempre ha visto a la UNAM como una escuela de “nacos” ya que, claro, los hijos de esos empresarios se educan en el ITESM, en la UP, en el ITAM, en la Ibero, la Anáhuac o en el extranjero. Ahhh y claro esos empresarios sólo contratan a egresados de universidades “bonitas” de “gente bien” para sus puestos gerenciales o directivos. La UNAM, la UAM y el IPN ¡Guácala! y si los contratan son sólo para puestos operativos. Pues claro, ni modo que el niño güerito caguengue se tenga que ensuciar las manos con las máquinas o convivir con los operarios ¡Qué horror! Cómo dijeran en aquella teenovela: ¿Qué dirían los Limantour?
Pero… yo siempre me he preguntado: ¿Por qué tanto recelo a la UNAM, tanto ataque? Cada año el Rector en turno tiene que salir con la espada desenvainada a defender el presupuesto asignado a la Institución porque imbéciles como Federico Döring dicen que cada vez hay que recortarlo más, aunque la UNAM es la Universidad donde se realiza más del 50% de la investigación en México,-el resto se hace en el Cinvestav del Poli y en algunas Universidades Estatales- cuando la UNAM es una de las pocas opciones que tienen para estudiar miles de jóvenes para obtener educación de calidad.
Y he llegado a la conclusión de que en efecto, en la UNAM hay alumnos y profesores huevones, grillos y lo que ustedes gusten y manden. Pero la mayoría de los estudiantes son chavos que realmente se dedican al estudio y buscan a través de éste una superación profesional y personal. Y la mayoría de los profesores son verdaderas lumbreras, dedicados, que aunque ganen un sueldo que pocas veces les sirve para tener un estilo de vida decoroso, se consagran al magisterio por puro “amor al arte”.
También he llegado a la conclusión de que si esa minoría que detenta el poder en este país ataca tanto a la UNAM lo hace por puro y vil miedo. Porque saben que en la Universidad hay libertad de cátedra, equipos multidisciplinarios, criterio abierto y eso es una grann amenaza contra el “stablishment” actual en el que los únicos valores que conoce el neoliberalismo que son el poder y el dinero. Les asusta que en una misma escuela convivan los “fresitas” de la Facultad de Derecho que los “parias” de Filosofía y Letras. Los horroriza el intercambio de ideas y sobre todo: que la UNAM proporciona a cada uno de sus alumnos -quien lo aproveche es otro boleto- una apertura de conciencia que no se da en ningún otro lado.
Es por eso que este tipo de reconocimientos con cachetada con guante blanco a todos eso personajes que opinan que la educación privada, por el simple hecho de que es cara, es mejor que la educación pública. Que la UNAM es la mejor Univeridad de América Latina, reconocida en todo el mundo, para que se den un “quemón” el TEC, la Anáhuac, la UP, la Ibero y demás escuelas. Y eso es un “quemón” que les arde terriblemente. Y creo que el discurso del Dr. Narro en Oviedo les quemó más todavía.
Por eso es que este reconocimiento que recibe la Universidad Nacional, no sólo es a los que estudian o estudiamos ahí, no es sólo a los magníficos investigadores de los Institutos; no es al Rector ni a al Consejo Universitario. Es un reconocimiento a una labor de todo el pueblo mexicano.
Pero no nada más es festejar y viva la vida, este tipo de reconocimientos le impone a la UNAM y al pueblo de México nuevos retos. La UNAM adolece de muchas cosas. Desde la falta de papel de baño en sus Facultades, Escuelas, Prepas y CCH’s hasta de un bucrocratismo excesivo en casi cualquier trámite. Un sindicato corrompidazo -como la inmensa mayoría de los sindicatos-, grupos porriles e idiotas como “el Mosh” que mientras fue distinguido con la medalla Gabino Barreda -aunque según esto la rechazó – termino su carrera con promedio de 10 y dejó a miles de alumnos sin clases; le dio un golpe al prestigio de la Universidad del que aún no acaba de reponerse y muchos desertamos. Ojalá esté orgulloso de lo que logró, ¡hijo de la chingada!
Pero bueno, creo que los retos son: mayor presupuesto a las universidades públicas y mayor control sobre ese presupuesto para que no se diluya en “aviadores”, bonos, días económicos y demás prebendas al sindicato. Servicio de carrera a los profesores y por consecuencia un sueldo decoroso para ellos, sean de confianza o sindicalizados. Y alumnos que no se la pasen “caguamenado” en las “islas”, o sea alumnos con un fuerte sentido de la responsabilidad y concientizados de que finalmente ellos son el futuro de México.
Está difícil y esperemos se logre, pero mientras tanto: Goya, goya, cachún cachún ra ra, goya, Universidad. …libre y popular.